
Si hoy se me acerca alguien con cara seria, se detiene y pronuncia la frase “Hay una mala noticia” para anunciar cosas en el rango de coasas “nada muy grave, [...]
Italia!. No creo que mi apellido explique el porqué me sentí tan cómodo en ese país. Para empezar, mi primer contacto con Italia al salir del metro en Roma fue en un lugar con gente apurada hacia un lado, gente apurada hacia el otro, afiches, pintadas en las paredes, un pintoresco caos organizado.