Nadie te lo dice, pero para vivir de un blog (y viajar con él) tendrás que estar un poco loco. No estás cuerdo si crees que vas a poder con todo, y no tienes que pensarlo tanto antes de largarte a hacerlo.

Si quieres hacerlo tienes que tener claro que serás una suma de muchas cosas. Hay una parte del blogger que es escritor, otra que es fotógrafo, editor de fotos, community manager, supuesto influencer, moderacdor de altercados en comentarios, espadachín de trolls, gurú de los temas que tratas respondiendo a comentarios, geógrafo, experto en logística viajera, ágil en resolver problemas. Un poco programador, un poco diseñador, un poco obsesivo, y siempre comunicador, curioso, profesional con lo que haces.

Ahora bien, a todo lo anterior lo metes en una coctelera y todavía no eres un blogger. Tienes que hacer eso casi cada día, y combinarlo con viajar, y con todo lo que implica viajar: organizar un viaje, reservar billetes, mirar mapas, leer sobre destinos, armar rutas, dosificar esas rutas en el tiempo, planificar un próximo viaje mientras estás haciendo uno. Reservar hoteles, o gestionar couchsurfing para diagramar mínimamente un programa de alojamiento. Y mientras piensas en todo eso, mientras vas sacando fotos en un lugar que estás visitando, pensar también en donde comerás a la noche, donde dormirás al día siguiente, pensar en un plan B si se pincha el A, y en un plan C si tampoco va el plan B. Entre medio de todo aquello es que en un momento te sientas a bloggear en la penumbra del comedor o el espacio común del sitio donde te encuentres.

(hay cosas que hice bien en la vida blogger, como irme a bloggear dos meses enteros desde el Caribe, y hay cosas que no hice tan bien)

Cuando terminas el día estás demacrado, tus pies no tienen ganas de contacto físico con el suelo. Tu cabeza está agotada pero no hay excusas para no quedarse en el hostel hasta altas horas mientras otros celebran la noche. Y aún no has actualizado o programado las redes sociales para las próximas horas. Mientras escribes o editas las fotos, enchufas el cargador de la batería de la cámara, el del teléfono, el de la batería externa. Recuerdas que habías colgado la ropa y que aún no ha secado, y no tienes que ponerte para mañana. No contarás jamás que hay veces que la ropa que no se usa dos veces, se usa una vez y media, y no será una catástrofe.

Hay cosas que no se bloggean, hay selfies que jamás serán sacadas, hay actualizaciones en redes que jamás serán publicadas porque no se cuenta todo. No todo es “miren donde estoy”, “miren lo mágico que me acaba de pasar”, “miren lo bueno que es ser blogger de viaje”, “miren lo jefe que soy de mi mismo”, “miren mi oficina en una isla paradisíaca”. No todo es “soy feliz”, no todo es “mi vida es la mejor que puedo tener”.

Pero nada quita que en ese momento en que tus párpados quieren hacer contacto físico la noche entera, sientas una enorme satisfacción mientras estás dejando el alma (por no decir que te estás rompiendo el c…) haciendo algo que te gusta. Ese será el combustible de tu propia y hermosa locura bloggera.

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3 Comentarios

  1. No puedo compararme, ni sentirme colega bajo ningun concepto. Pero iniciandome en este mundo, y teniendo fecha de vuelta a casa dentro de 14 meses, lo unico que puedo decir es que me siento MUY identificado. Gracias por ser una fuente de inspiracion para que los que compartimos tu locura decidamos lanzarnos de una vez. Te mando un abrazo y un muy buen comienzo del 2017.

    1. Si estás empezando a hacer todo lo que describo en este post, si podés compararte Germán :). Todo lo mejor para estos 14 meses viajeros que vienen, abrazo!

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