Castlepoint-4962

Cuanto tiempo se habla cuando viajamos de todo lo que pasa fuera de nosotros: esa lluvia que nos arruinó el día, ese monumento que nos gustó, esa ciudad que no valía la pena. Y que poco se habla de todo lo que pasa dentro de uno cuando se viaja: me refiero a sobre quien es el que se va de viaje, y quien es el que vuelve. Por ejemplo, resulta que en este viaje que viajé lejos, también en mi interior viajé en el tiempo, y rescaté ese niño adormilado que todos llevamos dentro, se fue despertando, con su curiosidad, sus juegos, su ilusión permanente, su capacidad de asombro, casi puedo decir que tomó el mando. Hacía tiempo que no lo sentía.

 

Castlepoint-4962

 

(un faro del otro lado del alambrado, en Castlepoint, costa este de la Isla Norte, en Nueva Zelanda)

Y ya lo pude saber, que cuando volvés de viaje, ese niño que estaba adormilado, no va a querer volver a dormirse. Le llaman el síndrome post viaje. Pero para mí será eso, ese niño, esa ilusión permanente, esa adrenalina del “día de mañana que siempre será distinto”, que no quiere volver a la cama, que simplemente le cuenten un cuento y a dormir. Porque ahora lo sabes, viajar produce todo tipo de transformaciones internas. Me refiero a un viaje largo, y un poco incierto donde esas malditas dudas de antes de partir se llenan de certezas. Certezas en éste sentido:

1. Te enterás que está bueno que en tu otra vida pre viaje no te llenaste de cosas, porque entonces habrías tenido más trabajo en dejarlas. Me explico: casa, no quise, perro, si quise, pero no quise porque sabía que iba a viajar y se complica; auto, no quise; credito, hipoteca, deuda, no quise. El resto son cosas o cuestiones que uno si puede tener en casa o en el camino (si, hasta familias viajera hay, una locura :P). Pero todo eso que nombro antes son ataduras. Y mientras más ataduras, es más difícil partir. El problema es si te vas anudando sin darte cuenta, mientras sentís que el deseo de viajar no vas a poder reprimirlo. Tropezón casi seguro. Algo hice bien.

2. Sentís que después de viajar entrás en un estado nuevo. Una especie de éxtasis mental. Tu cerebro, tu voz interior, o vaya a saber que se desengaña y te dice: (así te dice) “ey, chavón, si vos, ese que tenía cerebrito de aceituna, ¿que hacías que no salías de esa cueva?. Ahora que vas y venís de un lado para otro, que nomadeás, yo, tu cerebrito renovado, estoy más oxigenado, digamos, las conexiones van más aceitadas. Si chavón, tenés que hacer ésto más seguido, así te puedo ayudar más.” Y sentís que a tu cerebrito, a tu voz interior, sin quererlo le diste un tuneo importante, le aceitaste las conexiones, y te responde de un modo que no te lo crees. Tomás decisiones más rápido, porque no das tanta vuelta, porque entraste en ese trance en el que todo se complica y parece más sencillo porque decidiste verlo así. Sentís que ves ciertas cosas con más claridad, y tal vez podrías escribir un libro de autoyuda….no perdón, retiro lo último, que mi cerebrito aceitado me dice que no me pase.

3. Te preguntás que como sigue ésto. Que si sigue no va a ser como antes y (mierd…), estás infectado como esos zombies caminantes, como en The Walking Dead. El virus viajero no vas a poder quitártelo. Ni ponerlo en estado latente, ni mentirle. Porque ese virus eras vos que estabas infectado sin saberlo. Esa peste, esa epidemia de curiosidad, la estabas reprimiendo con Raid, que era para matar mosquitos. Toca asumirlo y con dignidad. Amarás los buscadores de vuelo por sobre todas las cosas. Odiarás los controles de los aeropuertos, pero amarás los aeropuertos. Los viajes y las fronteras ya no serán sueños imposibles ni cosas para ricos. Maldito cerebrito, me estás manipulando y me encanta. Si me estás mintiendo, me encanta. Me estás llevando a donde yo quería ir, fuiste vos cerebrito, o fui yo. Es eso, es que no sos vos, soy yo, que seguí mi impulso y pude matar tu racionalidad de oficina, tus “peros” y tus esquemas me estaban estorbando. Te corté el mambo cuando no me resistí a esa oferta a Nueva Zelanda. Aunque daba igual a donde fuera. Y ahora me doy cuenta, que fui un pequeño relámpago, bocanada de aire fresco para mi cerebrito atontado.

Ya no hay remedio, solo tratamiento paliativo. Así que cerebrito, te dejo la tarea: averiguame cómo hago para ver Turquía, pero primero quiero pasar por Machu Pichu, hacer un stop over en el cráter de Ngorongoro, y una escapada relámpago a Corea del Norte. Averiguame eso y te prometo mil noches en lugares que creías imposibles.

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