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Lo que uno se queda son los recuerdos y nada más, y de lo que voy a escribir es de eso, de entender o pensar que es lo que (creo) voy a recordar de éstos días. Ésta forma de viajar (el housesitting) es completamente diferente a cualquier cosa que hice antes. Y para mí está resultando de lo mejor. Viajar de ésta forma no significa estar apurado, ni apretar noches en un lugar para gastar menos. Ni pensar en un nuevo destino pronto, o desesperarse por una ruta. El camino me va llevando y sorprendiendo, sin apura, y completamente despreocupado de lo que implica estar en viaje.

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Es increíble, pero ayer que hice un cambio de casa, todo fue demasiado fácil. Me llevaron, me fueron a buscar, un sistema que bien coordinado te lleva de una habitación de una casa a otra habitación de otra casa sin que te des cuenta…si tenés suerte. De Hastings a Masterton (donde escribo hoy). De una finca de olivas…a una casa entre colinas, un bosque, y cerca de montañas nevadas.

La Finca de Olivas (y lo que voy a recordar)

17 días en una finca, en una casa que está adentro, alejada de la ruta. 17 días en que no voy a olvidarme de:

Rycka, un perro ovejero alemán que me conmovía al seguir mis pasos adentro de la casa, pero desde afuera de la casa. O sea, si yo iba a la cocina, el daba la vuelta por fuera de la casa y se iba al lado de la cocina. Si iba a la habitación donde duermo, el por fuera iba hasta la ventana del dormitorio…y así. Me daba un poquito de pena, pero así eran las reglas y mi política es respetarlas (sobre todo porque adentro había un gato con el que no sería nada bueno que tenga un encuentro), respetar las rutinas del dueño, y que el dueño encuentre a su mascota con sus mismas costumbres y mañas. Lo increíble es que este perro, completamente libre en una enorme finca donde podía explorar y correr donde quisiera, solo estaba pendiente de su “referente” humano, aunque apenas me conocía de unos días.

Picasso, el gato que como todos los gatos, tienen sus tiempos, y hay que respetarlos, solo puedo decir que en 15 días lo vi dormir mucho.

El silencio, el más enorme y extenso que experimenté en mi vida. Noches en que solo escuchaba el zumbido de mi oído, y nada más que eso. Hasta atemorizaba. Parecía que vivía en un vacío, una tierra sin gente, sin nadie.

– Mi sensación al entrar por primera vez en invierno a un spa bajo las estrellas. Sentir ese placer del agua, los músculos que parecía que me los había sacado del cuerpo y los había dejado como un traje colgados en una silla. El relax sobre el relax, el spa después de un día sin estrés….era un empalago de relajación.

– Los pájaros. La casa estaba rodeada de olivares. Un paraíso para todo tipo de pájaros, de a centenares, volando en bandadas, aterrizaban de a cien y aterrizaban de un lado de la casa, del otro. El sonido de los pájaros, un coro atronador desde que salía el sol hasta que se iba, y entonces retornaba ese silencio impoluto.

– El día de la semifinal argentina, en el que me sentí el hincha más solo del mundo.

– La sensación de libertad, de ser libre, de adueñarse de un espacio. De sentirse libre como pocas veces, en el viaje, en la vida…

housesitting

(un atardecer cualquiera en la finca)

– De los dueños que se van una hora después de que yo llego, y que los veo tan solo una hora antes de irme. Pero hay conversaciones divertidas, intercambio de souvenirs, pequeños momentos de una relación tan extraña, en la que te dejan más tiempo su casa, que aquel que puedas compartir con ellos.

– Un viaje en bicicleta hasta el pueblo, el viento, el frío, el sentir no llegar nunca, y después, sentirme ridículo por pensar que hay gente que viaja país por país pedaleando, y yo me saturé por un par de horas…ridículo lo mío, lo asumo.

– El mirar un video en Youtube para ver como poner un parche de bibicleta correctamente. Si lo digo, lo que para algunos será una pavada…inútil de mí, pero aprendí algo nuevo, o al menos, aprendí a intentar hacerlo bien, porque no se que tenía esa maldita rueda. Y eso es lo que produce viajar, en situaciones más relevantes que esta, ponerte siempre por delante problemas que hay que resolver, y que los podés resolver.

– La conclusión…de que viajar con housesitting no es solo un modo de vivir un país desde adentro, sino que también, uno se vuelve un poco como cada dueño de cada casa, adopta sus costumbres, sus formas, sus actividades, adopta el estilo de vivir una casa, que siempre es diferente. Y esto lo digo, mientras cocino en una sartén sobre una estufa leña, tal como los dueños lo hicieron anoche.

– El confirmar que ésta forma de viajar, es una forma barata de viajar.

– El escribir los #HousesittingFacts

Nota: estoy en mi nueva casa housesitting que ya voy a contar, pero no quería dejar  pasar el tiempo, a riesgo de olvidar el Housesitting en Hanstings.

Balance: altamente positivo.

2 Comentarios

  1. Hola amigo !

    He leído tu blog y me parece interesantisimo. La forma en que relatas tus experiencias son realmente fantásticas y me conectan con lo que haz vivido.
    Toda la información es de gran utilidad para mi ya que el próximo año pienso viajar ( si adjudico un working holiday) a Nueva Zelanda para vivir una gran experiencia. Dejame decirte que hasta aquí haz disipado bastantes dudas con respecto a la cultura y estilo de vida local así como la utilidad de housesitter aunque tengo algunas preguntas para ti con respecto a esto y como compatibilizarlo con empleos formales , salidas nocturnas , etc. Solo espero poder generar algún tipo de contacto vía mail para orientarme amigo mio y llegar bien preparado a este pais. Un abrazo estimado y que siga recorriendo en el mundo saludos

    felipe.valenzuelaoyarzun(arroba)gmail.com
    Felipe.

  2. Hola Felipe, espero veas este comentario, no hay ningún tipo de problema en que lo preguntes aquí mismo y responderé con gusto. Un abrazo, y espero vuelvas a escribir!. Bienvenido por el blog y gracias por leerme también 🙂

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