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Inglewood, 27 de Mayo al 26 de junio de 2014 (un mes, una casa en un pueblo rural, un cacatúa, un gato y una perrita que te mira como el gato de Shrek)

Uno lo escucha y parece sonar a algo “normal”….Simplemente cuidar la casa de alguien y sus mascotas. Pero lo primero que recuerdo después de llegar ese día de lluvia que me fueron a buscar al bus (día de lluvia que no iba a ser el único ni raro), fue entrar a la casa después de apenas estar una hora con los dueños, que me explicaran todo así de rápido y marcharan….y simplemente encontrarme completamente solo en un lugar extraño.

 

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Es una sensación tan nueva, y tan confusa. Estar en la casa de “otro” que no conoces de nada. Sentirte un intruso invadiendo un mundo ajeno (eso de que cada familia es un mundo). Con Sheryl, la dueña de casa, intercambiamos muchos mails previos. Y debo decir, que aún en mi primer experiencia, los dueños de casa parecían el prototipo de la experiencia HouseSitting perfecta: todo me lo dejaron fácil. La casa es grande y estaba completamente limpia y ordenada, el fuego encendido, la cocina que de tan limpia daba miedo de usarla. Y claro, una hora de explicaciones y ya es suficiente: estás solo, con un cacatúa blanco (Cricket) que te mira desconfiado, un gato (Smiggle) que salió corriendo apenas entraste a la casa, y tardarías un tiempo en volver a ver (por ésto de que los gatos suelen ver en un extraño un potencial enemigo-depredador), y una perrita (Jenny) que bajo el lema de los perros, sólo pudo ver un potencial amigo desde un primer momento.

En la heladera me habían dejado: comida para un mes para Smiggle y Jenny, comida para una semana para Matías (yo), y claro, las indicaciones para mantener en orden la jaula (que de día está abierta) de un cacatúa que en poco tiempo pude descubrir, que su única pretensión (importante saberlo) es estar siempre en la habitación de la casa donde está la acción, y que le conviden comida mientras estás comiendo. Pretensiones que expresaba en forma de gritos de cacatúa.

Es extraña la primera sensación en la casa…y más extraña es la sensación que te va transformando en la casa a medida que van pasando los días. La casa que estás invadiendo poco a poco empiezas a sentirla como tuya, o como una segunda casa, porque no llegué a sentirla como “mi lugar”. Siempre me preguntaba que es lo que hacía en ese lugar extraño, con dueños que están ausentes. También va cambiando semana a semana la interacción con cada mascota. Jenny es tu amiga desde un principio, pero la confianza plena hay que ganarla para que no te mire como un amigo extraño. Smiggle es el más lento (claro, es gato y araña 😛 #chiste). Tiene su mundo y sus actividades puertas afuera, y solo aparece a la hora de comer, algo así como el rey del barrio en el mundo paralelo de los gatos….y aparecía cada vez más, por la noche para dormir en el sofá.

Cricket es para un párrafo, o un libro aparte. Debo decir que he pasado por varias etapas en la relación, y sobre todo en la actitud de él hacia mí. Primero era “el nuevo”…después “el nuevo tonto que me quiere comprar y no me pone límites”…y por último, “el nuevo que manda, sobre todo porque tiene mi comida”….Fue el más difícil porque tuve que aprender sus tiempos, sus hábitos y sus demandas. Pero es un buen pájaro, y a veces, tengo ganas de darle unas palmaditas cariñosas como le doy a Jenny, pero no debería, porque Jenny me mueve la cola si lo hago (pero Cricket, me daría un picotazo :P)…sus formas de interpretar mi cariño son otras. También me pongo a pensar que pasará por las cabezas de éstas mascotas que se acostumbran al nuevo para que en pocos días se vaya. Estudios sus comportamiento, sus actitudes, su ánimo, y estoy convencido de que también extrañan sus dueños, pero están contentos, y vaya si me aceptaron (con decir que a veces me tiraba un rato en el sofá y terminaba rodeado de los bichos, y con un cacatúa caminando por mi cabeza). También me divierto mucho con ellos, me sacan cantidad de risas con sus interacciones. Jenny, por ejemplo, le pasa la lengua al cacatúa cuando está cerca, el cacatúa, cuando se distrae le da un picotazo, pero Jenny insiste. El cacatúa sabe que si salgo lo tengo que poner en la jaula. Entonces entra a comer a la jaula a escondidas y me espía que no haya riesgos :P.

 

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Otro párrafo aparte para los vecinos perfectos de HouseSitting: los que te resuelven cada duda, te llevan a pasear por el entorno del pueblo, te traen un plato de comida cada pocos días. Hasta me siento mal de tanta amabilidad-generosidad. Hubo un día que al cacatúa le dio un ataque de gritos…imaginen la escena. Fue sólo un día y un momento, y estoy seguro de que estaba demandando algo que nadie lo podía entender. Fui a preguntarle a la vecina (que tiene otro cacatúa)…y me dijo “es normal que le pase esto, que grite, si no se calma, simplemente ponlo en la jaula con su manto, y se tranquiliza…palabras mágicas. Fue el único momento “se me descontroló el cacatúa” en todo el mes :P….unos diez minutos. No todo tiene que ser perfecto.

 

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Cosas que aprendí, o re aprendí estos días:

– Encender un fuego a leña….(estúpido inútil de ciudad y calefacción a gas que tampoco hace asados…uno piensa que tira un poco de papel y leños y se enciende el fuego pero no…es toda una ciencia :P…y ya puedo decir que la domino como a un juego de ajedrez…bue)

– Mil cosas sobre los cacatúas (imaginen las veces que busqué en Google sobre los cacatúas, sus comportamientos, que hacer, que no hacer…)

– Lo rico que son los Steak and Cheese, que no se si están en muchos lados, acá son como unas mini tartas de carne y queso que me sacaron de varios apuros, por eso de que le das un minuto de microonda y ya está la cena.

– Que los neozelandeses están obsesionados con reutilizar todo, la ropa, los muebles, los libros, los juguetes…que en todos los pueblos está lleno de tiendas de productos de segunda mano (o sea, en todos los países hay, pero ésto es todo un hábito y una institución masiva, en la calle principal de una ciudad te puedes encontrar cantidad de éstas tiendas de usado, hasta una al lado de otra).

– Que HouseSitting puede ser un camino de ida, que me gusta mucho ésta forma lenta de viajar y vivir en un lugar. Y que es muy barato si sólo gastas en comida y te ganas el alojamiento (porque siempre aclaro, no es “alojamiento gratis”, sino el trabajo de cuidar lo más preciado que dejan sus dueños cuando no están).

– Que en Nueva Zelanda llueve (al menos en ésta zona de la isla Norte) de una forma que nunca había vivido, y eso que en la zona de Argentina que estoy llueve bastante, pero acá eran cinco días de lluvia y dos de sol, siempre es así el ciclo, y eso explica el verde excesivo que hay.

– Que a pesar de que no soy un niño (hace rato) la cama elástica que hay en el patio me sacó el niño que llevo dentro.

…y tanto más, que seguiré contando 🙂

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