buenos aires, expatriados

A veces pienso que para un expatriado no debe haber nada más frustrante que no poder disimular su acento foráneo al hablar con un desconocido. No debe haber momento más repetitivo, y más cansador que esa pregunta que parece inevitable cuando la forma de hablar no puede disimular, eso de que “no sos parte de la tierra que pisas”. La serie de preguntas encadenadas a cualquier expatriado que no pueda disimular su acento en un país que elige para vivir (ya sea un tiempo o para siempre) es más o menos así: 1. ¿De donde sos? 2. ¿Y que es lo que haces en mi país?. En el caso de un expatriado de América del Norte o de Europa viviendo en Argentina (por ejemplo),  la pregunta “2” implica algo que se deduce fácil. En modo indirecto, el preguntón local se siente intrigado por entender la razón por la que alguien podría abandonar su país primermundista, ese que tan perfecto se ve en las películas y series de televisión.

buenos aires, expatriados

(*)

Y aquí deduzco un error bastante común y disipado: creer que el nivel de vida promedio del primer mundo tiene el estándar de vida de la familia de Brad Pitt y Angelina Jolie puede ser tan acertado como pensar que en latinoamérica el nivel de vida promedio es el de la “gente bien” y ricachona de una telenovela venezolana, en donde jamás pasan hambre ni caminan 300 metros para llenar un balde de agua, sino que padecen a lo sumo, mal de amores o peleas tiránicas para disputar una herencia, tal como la vida misma.

El expatriado, ya ve venir el temido cuestionamiento en tono diplomático a su desacertada decisión de instalarse en un país “como es el nuestro”, y aunque lo intenta, no puede evitar la pregunta después de que se le escapa un “houla”. Ni hablemos del extranjero que quiere mimetizarse lanzando un “yhee, boloudo”, que está claro que no cuela. Necesita dar una explicación.

En mi viaje al Ushuaia hace unos meses, encontré a varios de los “expatriados” viviendo en Argentina. Un belga en una agencia de excursiones encantado con el fin del mundo, tanto como para quedarse a vivir allí desde hace cinco años. Otro alemán conducía uno de los buses de excursiones que te llevaba a navegar por los lagos del Parque Nacional los Glaciares. Nada que tampoco sea muy extraño de encontrar en Buenos Aires, o en varias zonas turísticas del país: “el extranjero que se queda encantado a vivir en Argentina”.

Siempre pienso sobre esas reacciones, y sobre las preguntas, y los tópicos entre los que se van, los que se quedan, los que sueñan con irse, los que sueñan con volver, los que no quieren volver nunca. Y casualmente, me encuentro en un blog de un expatriado en Buenos Aires, con una entrada que también indaga del tema “¿que haces aquí?“. Entre una larga serie de razonamientos, en un párrafo casi hacia el final, el autor del blog creo que resumen muy bien el que es su argumento para explicar su situación de “hombre del primer mundo viviendo en Buenos Aires”:

“En cada sitio diferentes cosas tienen prioridad: en muchos países del primer mundo todo es acerca de las 5 “C” – Credit Card, Condo, Car and Cash (o tarjeta de crédito, ser propietario de una casa, coche y dinero). En cambio aquí (en Argentina) todo gira en torno a las 4 “F” -Fútbol, Family, Food and Friends (fútbol, familia, comida y amigos). Muchos prefieren las 4 “F” a las 5 “C”.”

Y aquí, ya se puede entrar a discutir que prefiere cada uno o que tan así o asá es lo que cuenta. Por mi parte al menos debo decir que parece una explicación razonable.

Hace unos días mientras tomaba un taxi en Buenos Aires para llegar a Retiro, quedé en manos de un conductor también expatriado (o digo, su acento no era para nada familiar a lo que debería ser el acento familiar en ésta región del mundo). Ni siquiera puedo contar de donde era, porque es que no se lo pregunté, ni tampoco quise preguntarle eso de “¿que es lo que haces en Argentina?”. Quise simplemente que no se sienta un expatriado por un rato, y me resistí a la pregunta que le deben hacer unas 35 veces al día siendo que trabaja en un taxi y renueva la gente pero no las conversaciones. Imagino también, que el taxista quedó desconcertado ante la falta de la pregunta. Y seguramente habrá pensado “o es poco curioso, o tal vez no es argentino”. Y es que los tópicos, como tantas cosas, son universales.

*Imagen tomada con celular en las calles del microcentro de Buenos Aires y subida en mi Instagram

2 Comentarios

  1. Hola Matías! Me gustó mucho tu artículo, la verdad. Yo experimenté lo mismo cuando hace poco estuve viviendo poco más de un año en Noruega, aunque en mi caso era obvio que era extranjero porque apenas hablaba su idioma y tan sólo hablaba en inglés.

    Siendo sincero, disfrutaba mucho con esas preguntas y con las tropecientas que venían a continuación. En el caso de España y Noruega, hay una relación bastante estrecha, debido a la cantidad de españoles trabajando allí y la cantidad de noruegos que van de vacaciones a España. Pero a ellos les extraña por igual jejeje Aunque bueno, Noruega es precisamente un país bastante rico, con lo que el motivo económico era bastante obvio en el caso de la mayoría.

  2. Gracias Carlos por el comentario, a mí me pasa un poco igual cuando estoy “en viaje”, que imagino que no es lo mismo que estar viviendo en un lugar donde tal vez “hay que dar” mayores explicaciones…aunque siendo Noruega tan rico imagino que los noruegos ya entenderán…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.