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“…Si ésto fuera un gramo de oro, yo no estaría haciendo ésta exhibición”. No la recuerdo exacta, pero fue algo así. La frase con la que se resume el potencial de buscar oro artesanal en uno de los confines del mundo….En fin, exagero. No es un sitio extremadamente remoto, sino un paraje en un camino que va mutando a ocre entre Famatina y un entorno de montañas que deliran en colores. Famatina es la última estación del blogtrip en la provincia (argentina) de La Rioja, un itinerario que termina pronto para una provincia que pide más tiempo para ella.

El hombre, el buscador de oro, tiene un exquisito sentido de la ironía con ráfagas que rozan el sarcasmo. Imagino, una forma de atemperar una vida dura que se insinúa en su rostro, en su tono, en su (otra vez) ironía demasiado recurrente. Extraer oro de un montículo de tierra que esconde partículas milimétricas (de oro) requiere de ardua paciencia. Casi diría, como intentar pescar tiburones con mosca.

Y en su larga y vital oda a la paciencia, de repente, un momento antológico de la historia de la búsqueda de oro artesanal se despliega sin demasiada pompa: un buscador de oro de todo la vida, tal vez pasando hoy los 50, tal vez llegando a ellos, rodeado de una secta de presuntos amantes empedernidos (o resignados) del hashtag, las redes sociales, los tags, el html, y claro, también alma periodística, amor por la fotografía, la escritura y los viajes (o en una palabra, rodeado de bloggeros).

Un grupo de bloggers rodeando al buscador de oro artesanal, que mientras busca diminutas partículas doradas, explica paciente paso a paso la fórmula que lo tiene atrapado en una vida austera, lejos de toda fiebre y excesos materiales. Mientras, José pide espacio para la demostración, arroja una palada de polvo seco sobre una canaleta bastante amplia, donde se dispone un rudimentario sistema de filtros y circulación de agua.

La  canaleta deja correr el agua ahora sucia, que se escurre atravesando alfombras y redes capaces de capturar partículas brillantes, si se mira con buen enfoque. Lo que brilla luego de echar varias paladas, es insignificante, y es oro. Supongamos que estuviéramos recolectando partículas de arena para hacer una playa, recolectando partículas una a una, ese es el ritmo y la meticulosidad del trabajo. Un ritmo que tomaría varias vidas para hacer esa supuesta playa si es que alguien no se dignara a renunciar antes, y construirse su propia piscina con menos esfuerzo.

Lo que hace nuestro buscador (José) es admirable, por su paciencia, y angustiante, por la poca relación que hay entre la tarea y la recompensa. La cosecha de un día, o de varios, ni siquiera se cuenta por gramos. Un gramo equivale a unos 200 pesos, según lo cuenta, y sumar un gramo, puede tomar varios días. José da por terminada la exhibición en unos 20 minutos. Luego de varios filtrados, en un último recipiente asoman partículas brillosas desde el fondo. “A veces, cuando lo muestro, algunos (turistas) no me creen que ese oro estaba ahí, en la tierra, me acusan de haberlo infiltrado“. Y su rostro, continúa en sintonía con esa ironía resignada que parece haberlo capturado.

(lo que se ve y lo que brilla es oro)

Famatina es una pequeña población al norte de la provincia que se respira agrícola, inmersa en un paisaje que se ve árido e impregnado de los tonos de las montañas, bajo la custodia del cerro de Famatina. Nuestro paso por el lugar es casi de relámpago. Una estadía de una noche en una finca dedicada a la producción de nueces y el turismo rural, de caminos asentados también con cáscaras de nueces (Finca Huayrapuca), una casa con habitaciones y casona de adobe, rodeando un patio que invita a disfrutarse, en un entorno rodeados por corrales, animales, tierras de nogales, acequias, calma y vida artesana. Y claro, cuando el tiempo lo dispone, el viento zonda que no sabe eso de tocar a la puerta.

No tan lejos, se pueden explorar caminos de montaña, hasta llegar a un cañón que da color a un río que avanza en color amarillo, una vena a cielo abierto que se tiñe de la tierra. Y la lista de actividades se extiende: llegar a cuevas llenas de historia, visitar alguna de las estaciones del cablecarril más largo del mundo (la ya abandonada minera La Mejicana), cabalgar, caminar, o en verano, asolarse junto a una piscina.

La Finca, Famatina, el caminar en un crujiente camino de nueces, el colorido de las montañas y su gente. Son los modos que tiene este rincón de La Rioja para encantar visitantes, someterlos a una burbuja de silencio, aire purificado, paisajes de colores.

Y siempre, la montaña que generosa brinda belleza, riqueza alguna vez saqueada, y aún, más promesas de riqueza. La montaña se deja fotografiar y atrae entre caminos intrincados, develando maravillas naturales que están ahí, aunque ya se ha dicho, pocos lo saben.

El viaje a La Rioja fue parte de un blogtrip organizado por la Secretaría de Turismo de la Provincia.

Al participar un grupo de bloggers, hay otras miradas sobre el tema. Pueden leer también Fiebre del oro y algo más en el blog Magia en el Camino

También escribí sobre uno de los paisajes de La Rioja en el blog 101 Lugares increíbles: Un desierto rojo (y un paseo por el Triásico) en La Rioja argentina.

(Pronto más entradas sobre La Rioja) pueden recibirlas a través de Twitter (@VisionBeta) o a través de la página de Facebook.

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