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Hay un problema, vengo achicando los plazos entre un viaje y otro. Y eso hace que llegue a desear que el próximo plazo entre viaje y viaje sea más breve, y seguramente el siguiente, más breve todavía. El problema estaría en la progresión: de ese modo entraría en un estado de viaje permanente, y el inconveniente, es precisamente que soy consciente de que esos intervalos de cable a tierra, de sedentarismo, son necesarios, al menos para la vida que llevo tal como la tengo diagramada en mi situación actual.

 

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No me interesa acumular países como si fuera una carrera, me doy cuenta que cada viaje pide más pausa que prisa, que cada destino requiere siempre más días que los planificados. Incluso, me obsesiona la idea de vivir cada lugar con sus cambios, experimentando sus matices, incluyendo los climáticos: me gusta ver como es un mismo destino cuando llueve, cuando hay sol, cuando está seminublado, cuando hace frío, cuando hace calor, cuando es de noche; me gusta imaginarlos mientras sucede algún fenómeno extraordinario, esperar un momento único, encontrar la hora dorada, o cazar una historia que esté esperando ser contada. Con todas éstas pretensiones, estaría en cada lugar mucho tiempo, lo suficiente como para no terminar nunca de recorrer todo lo que me gustaría conocer del planeta. Hasta da vértigo pensar como se esfuma el tiempo, como el deseo choca de frente con condiciones y plazos que en la vida escasean y que a menudo nos obligan a descartar cosas.

En cambio, de cada viaje, me traigo siempre una certeza: antes de dar aquel primer paso en ésta forma más intensa de viajar, me hubiera gustado que alguien me hubiera dicho a tiempo, en vez de otras cosas menos afortunadas que te hacen dudar, un “hazlo”.

Que alguien me hubiera dicho “inicia ese viaje, conoce ese lugar con el que sueñas, escápate sin miedo, simplemente hazlo”. Me hubiese gustado que alguien desde siempre hubiese dichohazlo, inicia ese viaje que te va a cambiar la forma de ver las cosas, y que te va a cambiar lentamente (o aceleradamente) a vos mismo”. Un hazlo, descubre ese paisaje que te va a estremecer las entrañas, antes de que pases la vida pensando que un lugar así no existe”. Un hazlo, despréndete de todo eso que te hace sentir cómodo cuando estás quieto, suelta el ancla que te hace perder todo lo que te espera en el resto del mundo que está fuera de tu casa. Si es lo que deseas, hazlo, y si realmente sientes que no podrás hacerlo, insiste en eso de indagar hasta encontrar la forma. Y una vez que puedas hacerlo, disfruta. Olvida el como será el después, y piensa que debería ser como el ahora. Lo será así si te lo propones…”

Hazlo, inicia ese viaje y destruye cada uno de tus prejuicios (y tus miedos), seguramente los enfrentarás y te darás cuenta que estabas equivocado en muchas cosas, y que el viaje te hizo más sabio con golpes de los buenos, y por ello, más libre. Hazlo, y descubre que mucho de lo que crees difícil de obtener, en realidad es mucho más fácil de encontrar si lo que buscas es sencillo. Descubre que en el mundo, en cada región, en cada pueblo, en cada casa, todo puede ser diferente, y que es mejor que así lo sea, porque el mundo es más bonito en la diversidad.”

Hazlo, simplemente, inicia ese viaje, y experimenta, te animarás a hacer cosas que no creías que podías hacer, a llegar a lugares que pensabas que eran para otros, a vivir situaciones que creías que sólo le sucederían a otros, o a personajes de los libros de ficción que leías antes de partir, y todas esas cosas que pasan y que contarás el resto de tu vida, serán las cosas que te harán sentir más vivo.”

El problema, es que no siempre alguien te lo dice en el momento en que lo esperabas, o que a veces, ese alguien, tiene que ser uno mismo. La vida tiene esas paradojas, de darte al final de un viaje las conclusiones que hubieses necesitado antes del principio.

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