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Parecidos diferentes (Montevideo)

6 Oct
2012
Escrito por: Matias Callone / Blogger, fotógrafo y viajero. Creador de Vision Beta y 101 Lugares Increibles

(Estación anterior, Colonia del Sacramento)

A ningún argentino se le ocurriría al pensar en un viaje decir “quiero ver algo completamente distinto, quiero ver un sitio exótico, encontrarme con una cultura diferente…me voy a Uruguay”… Y claro, a ningún uruguayo se le ocurriría pensar lo mismo y viajar a la orilla contraria. No es broma, y aunque pueda resultar una obviedad en el mundo rioplatense, tal vez desde afuera no lo sea tanto.

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Imagino alguien que viaja por Europa, ese continente que profundiza en eso de borrar fronteras económicas y aduaneras, y sin embargo, las otras “barreras” (las del idioma, la idiosincrasia de cada país, la arquitectura, entre otras) son notables, haciendo pocos kilómetros, todo va cambiando y se vuelve diferente. Uno puede caer en paracaídas en un país de Europa cualquiera, y sin saber nada de donde está, identificar el país en que se encuentra escuchando a la gente, mirándola, mirando sus pueblos, arquitectura, ciudades y ciertos rasgos que saltan a la vista. En cambio, creo que si eso sucediera, que alguien que desconoce el mundo rioplatense, y cayera en paracaídas en algunos de éstos dos países tan hermanados como Argentina y Uruguay, tal vez, sería bastante más difícil saber en cual de los dos estamos. Digo, las “barreras” del idioma, la arquitectura, los rasgos, no son tan marcados. Pero no nos apresuremos, porque donde hay parecidos, hay diferencias….

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A ambos lados del Río de la Plata, las diferencias se vuelven más sutiles. Fue éste año que pude indagar con cierta profundidad más física (digámos técnicamente, en un viaje) en eso de la cultura rioplatense. Fue una especie de impulso “conócete a tí mismo” transformado en “conoce tu lugar, y conócete a ti mismo”. El rioplatense bien podría ser un rasgo de identidad: ¿y cómo sería un ejemplar rioplatense?, creo que ese que da (o esos que damos) mil rodeos para explicar algo, que vivimos apesadumbrados por la humedad, nostálgicos, algo soñadores, adeptos al tango aunque no lo baile, a esa forma de vivir como si la vida fuera un tango. Aficionados a querer arreglar el mundo hablando, de raza habladora, aquellos sabedores de todo lo que creemos saber, también amigables, (tengan en cuenta que puede que ésta sea una lista de generalizaciones, con todo lo que implica). La esencia del rioplatense, deambula en las calles de Buenos Aires y de Montevideo.

Ciudad Vieja – Montevideo

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Demoré demasiados años en llegar a Montevideo, tal vez porque tantos argentinos nos queremos creer eso de que el Río de la Plata es un mar que parece un océano, o miramos para otro lado, cuando ese mar se cruza en 50 minutos. Ese mar no es tan grande, ni estamos lejos. Y se que tantos argentinos van y vienen a Uruguay como si cambiaran de barrio, pero por alguna razón, no fue mi caso…

…Entrando a Montevideo desde Colonia y en ómnibus, como dirían los porteños (colectivo en el pueblo) me quedé estúpidamente dormido. Todo el suburbio montevideano lo soñé, para despertar una vez ciudad adentro. Montevideo es parecido en muchas cosas (a Buenos Aires), y es diferente, en muchas otras. Para empezar, es ondulada, en cierta forma, el relieve de sus calles es más divertido que la planicie. Es arbolada, casi siempre con túneles de plátanos. Es nostálgica (como Buenos Aires) pero menos enloquecida. Algunas de sus calles no quieren dejar de ser pueblo, otras pretendieron no serlo.

Mercado del Puerto . Montevideo

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Buenos Aires tiene un diseño ombligo en torno al Obelisco. Montevideo tiene un eje (la avenida 18 de Julio), y a través de él, se descubren cosas como: que quiso ser una ciudad en grande, con su arquitectura monumental con ciertos huecos que revelan tal vez un sueño aún inacabado, que al menos quiso parecer una ciudad grande, y por momentos te hace sentir en una metrópoli, como una escenografía gigante, pero en una ciudad que se ve como metrópoli y se siente tranquila. Que tuvo un pasado de esplendor, con arquitectura “pretenciosa” y en buenas cantidades, para añorar y recrear cierto aire europeo (como Buenos Aires). Quizás sea eso lo más parecido a Buenos Aires.

El Río (de la Plata) – Montevideo

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Montevideo tiene un río que la envuelve, Buenos Aires, tiene el mismo río, al que intentó darle la espalda. Montevideo tiene sonrisas mulatas, candombe y murga. En Buenos Aires, el mate se toma sentado y en privado (o en una plaza). En Montevideo a pie, el mate se vuelve exhibicionista, a cualquier hora y en cualquier lugar (excepto en los colectivos, que está prohibido porque las frenadas bruscas y las bombillas no son buenas amigas…por eso de clavarse una bombilla en la boca, básicamente). Buenos Aires, se concentró en embellecer y proyectar avenidas monumentales. Montevideo no lo necesitaba tanto, tiene sus ramblas, sus malecones, y hasta sus playas que te hacen creer con cierta imaginación, que estás en una playa de Copacabana. Con cierta imaginación digo, no a modo despectivo, porque siguiendo en ésta odiosa tarea de comparar, a Montevideo le faltan los morros, y un clima tropical para ser perfecta.

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En cambio, Montevideo en otoño se hace tan “en su estado natural”, con esa melancolía de las hojas amarillentas que caen, la brisa del río. Esa ciudad que quiso ser grande, que prometía futuro en grande en su pasado…

…Caminaba por la ciudad Vieja, y por entre la silueta de edificios asomaba el Palacio Salvo, esa maravilla icónica del urbanismo montevideano. Me detuve a sacar una foto, y un vendedor ambulante que guardaba sus cosas mientras caía la tarde me explicaba: fue el edificio más alto de Sudamérica por varios años, un verdadero rascacielos del año 1928. Y lo fue. El Palacio Salvo sigue siendo el certificado arquitectónico de una ciudad que quiso comerse el mundo. Montevideo aún hoy tiene su faro. Imagino una ciudad que crecía orgullosa, próspera, capaz de creerse imparable, prometedora, atrayente para cientos de miles de inmigrantes llegados del Viejo Mundo. La ciudad del “todo por hacerse”…

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Al retornar a Buenos Aires, pensaba, algo así como que el Río de la Plata, tiene su dos capitales en cada orilla, sus dos reinas sin reino, o mejor, reinas de un reino que nunca existió. Que en gran parte del siglo XX, fueron el lugar a donde tanta gente, de tantas partes del mundo, quiso llegar y hacer su vida. Eso deja su huella, y a veces, en Montevideo hasta resulta más notoria.

Puedo decir que Montevideo fue subestimada en mi vida, por pura tontería. Ya pude descubrirla, dimensionarla y apreciarla. Y ella, ya pudo hacerme sentir mal por no conocerla antes. Debe haber un hechizo, el mismo que hizo que el otoño se quedara a vivir en Montevideo, tal vez el mismo hechizo, es el que me haga querer volver.

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5 Responses to Parecidos diferentes (Montevideo)

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Ailin, de dando vueltas por el mundo

October 28th, 2012 at 10:29 pm

Matías! Justo estoy con muchísimas ganas de “cruzar el charquito”. El hecho de no conocer Uruguay para mí representa algo que los argentinos muy erróneamente tenemos incorporado: cuanto más lejos, mejor. Qué lindo post y qué hermosas fotos…

Un abrazo!

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Matias Callone

October 28th, 2012 at 10:38 pm

Ailin, yo pasé por lo mismo, años mirando “afuera” y no a lo que hay al lado. Montevideo y Colonia son una dupla altamente recomendable, y si hay más destinos, bienvenidos…(yo estuve tres días, y dan ganas de volver)

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Carol Parraguez

November 18th, 2012 at 7:40 pm

Vi Buenos Aires por primera vez a los 11 años. Para una chilena, santiaguina, era ver la mayor mangitud urbana jamás pensada; todo era fuerza, cultura y superioridad. Volví a los 20, a los 21, a los 22 y siempre fue potente.

La ultima vez que anduve por ahi fue para cruzar el río de La Plata hasta llegar a Montevideo y sentir la paz y la melancolía bien fuertes. Montevideo está a escala humana, es una capital que hace pensar en pueblo, nada abruma la mente y hasta el travesti que estaba frente a mi hotel simplemente transitaba…y no sentí que se ostentara nada, solo era bello y nostálgico, incluso utópico con esa maravillosa arquitectura de la avenida 18 de Julio y el mate su como escencia cultural.

Sea como sea, desde el otro lado de Los Andes, son dos capitales hermanas, hijas de la misma madre y padre, pero que siento que cada cual representa algo distinto en cuanto a concepto de urbanidad y de experiencia de vida…una como hermana mayor y la otra como hermana menor, en que una es la vorágine y la otra es calma.

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Matias Callone

January 25th, 2013 at 11:24 pm

Carol, que gran comentario, casi para un post :)

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Richard Salazar

March 20th, 2013 at 3:20 am

Oye Carol, tus palabras son como extraídas de mi mente. Opino exactamente lo mismo al respecto de esas dos hermosas ciudades que representan a un David y Goliat en armonía. Saludos desde Venezuela.

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